lunes, 29 de junio de 2015

Título:   Archivo muerto
Autor:    Lucy Galván

Ese cajón lo abro muy pocas veces. Casi nunca.
—Tal vez  lo podrías abrir hoy.  Me dijo Sonia mientras hacíamos nuestra caminata diaria.
—Si. Tal vez. Déjame hacer un poco de memoria—.  Contestó Lucía.
— ¿Porque? —Preguntó Sonia.  —¿Te duele? —
—Hay un poco de eso. Antes lo disfrutaba, pero ya no—. Le dije.
                    Y es que lo recordaba tanto que un día empezó a dolerme. Lo soñaba muy seguido y había días en que confundía la realidad con lo soñado.  Un día le ordené a mi mente que cerrara ese archivo, cómo se dice en computación, y tengo años que no lo abro.

                    —Pero ésta vez me voy a dar una asomadita—.
Así empezó todo: Cuándo tenía 18 años, acababa de terminar una carrera técnica y encontré trabajo cómo recepcionista en un despacho de abogados.  No tenía experiencia en nada. Y digo en nada.
                                        Cómo al año de estar trabajando ahí lo conocí. Ese día no se me va a olvidar nunca. Aunque, cómo te digo trato de no abrir ése archivo.
                    Mi escritorio quedaba en un desnivel. Había dos escalones que bajaban a la puerta trasera del despacho, era la puerta que usaban los abogados. Tenía que voltear hacia la derecha y luego para abajo si quería ver quien entraba. Ese día miré casi por instinto. Creía que era mi jefe, pero me equivoqué. Era  casi una aparición divina. Me quedé viéndolo cómo si se tratara de una alucinación y se me fue el aliento. He de haber parecido bastante tonta, con la boca abierta.
                    Entró y muy quitado de la pena subió los dos escalones. Se paró frente a mí y me dijo:      
                    —Hola, soy Francisco Javier, el hijo del licenciado Saldaña. Con una voz, tan segura, gutural y  ronca, que nunca había oído.
                    Y yo, después de un rato que encontré la compostura al fin le contesté.
                    —Este, ¿qué?  ¿quién? ¿Buscas a tu papá?
                    Solamente se sonrió. ¡Dios! ¡Qué sonrisa!.
                    Después, de ese día, él me contó que cuándo me vio  le causé muy buena impresión. Eso traducido quiere decir que yo también le gusté.
                    Se sentó en el despacho a esperar a su papá, muy quitado de la pena y yo, como no queriendo la cosa, fuí a preguntarle si se le ofrecía algo. Creo que fui dos veces.  O tres. No podía dejar de mirarlo. Me hechizaba.
                    Él  había terminado su carrera de abogado en otra ciudad y venía a hacer su servicio al despacho. Nos seguimos viendo todos los días. Yo esperaba cualquier oportunidad para ir a su oficina y preguntarle lo primero que venía a la mente. Un día me senté y empezamos a platicar. Haciéndolo parecer muy casual, pero fríamente premeditado por mi parte. Yo sentía que a él no le disgustaba del todo. Y, dada mi gran experiencia, sabía que le interesaba. Si, ¡Cómo no!.  Dijo mi subconsciente.

                    En las semanas siguientes nos fuimos haciendo más amigos. Él me contaba muchas cosas. De cuándo había estado fuera estudiando, de lo difícil que fue estar lejos de la familia y me ilustraba en otras tantas de las que yo no había oído nunca. Por ejemplo, él me enseñó a diferencias el sabor, el color y la textura de los vinos. En mi vida había yo tomado vino. Él me enseño con una delicadeza única, me llevó de la mano cómo un experto. Y yo me dejé guiar.
                    La primera vez que me besó fue saliendo de un bar, un barecito pequeño, muy acogedor, yo creo que a propósito lo escogió para la ocasión. Cuando llegamos a su carro abrió la puerta para que yo me subiera, le dio la vuelta y se subió él, se sentó echó a andar el carro, pero no lo arrancó, volteó hacía mí, yo lo estaba mirando y esperando al mismo tiempo, se agachó un poco y nuestros labios se juntaron. ¡Dios! ¡Qué sensación! Quisiera poder describirla. Sólo piensa que fue cómo si dentro de mí hiciera erupción un volcán pero de una manera muy suave, muy lenta, quemándome muy dulcemente. Si es que quemar puede ser dulce. Así se siente cuando uno se empieza a enamorar.
                    Después de ése día empezamos a vernos, besarnos y acariciarnos en su oficina, cada vez con caricias más atrevidas y ardientes.  Aprovechábamos los momentos en que nos quedábamos solos, a propósito éramos los últimos en salir.  Me tocaba  y yo sentía que me iba al cielo. Al principio esperábamos que los demás se fueran. Ya después de plano cerrábamos la puerta de su oficina.
                    Siempre fue un acuerdo no hablado que nadie se debía enterar de nuestra relación. Él tenía y llevaba una vida muy diferente a la mía. Éramos de distintos mundos. Yo lo sabía perfectamente, pero me encantaba asomarme a su mundo. No permitía que él se asomara al mío. Mi mundo era mío y ahí era muy feliz también. Él no cabía ahí. Sabía que tenía que disfrutar de esto mientras durara. Y era consciente que iba a durar unos meses nada más. Llegó el momento en que deseé que ya se fuera, me estaba enamorando desde la punta del pelo hasta los tuétanos.
                    Llegó el momento tan deseado y a la vez tan temido en lo profundo de nuestra conciencia, pero que casi siempre gana el deseo al temor y más si en ese anhelo lleva una carga importante de amor. Tan romántico y dramático como se oye. Igualito que en las novelas.
                    Cuándo revivo esos días, casi soy capaz de volver a sentir en mi piel su sabor.
                    —Cómo fue?  —Preguntó Sonia casi sin aliento y los ojos muy abiertos.
                    Le contesté:  —¿Tú crees que existe la levitación?
           Hizo un gesto de desesperación. No esperaba una pregunta, quería una respuesta.
          —¿Qué és eso? —Me dijo casi con coraje. —¡Ya dime!.
—Es cuándo un  cuerpo se halla en suspensión, sin nada que lo sostenga. Que flota. —Contesté y mi mirada se perdió allá muy lejos.
                    —No. No creo. ¿Porqué? 

                    —Debes de creerlo —le dije. —Sí sucede. Ese día, ¡te lo juro!  ¡levité!.

1 comentario:

  1. ¡Felicidades Lucy!, muy buen relato, me encanto como remataste al final :)

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