jueves, 19 de enero de 2017

Dos gorriones


Veo el árbol seco
            por el invierno
sus ramas dibujadas en un cielo
             azul nublado
llega un gorrión
           llegan dos

uno cerca del otro
miradas de olvido
de mucho años atrás

cantos que encerraron amor
promesas
anhelos
deseos
llenos de nostalgia
vuelan
       se van
                                                                                                                       1-18-2017
 


lunes, 3 de octubre de 2016

Contradicción.                                                                                                              Octubre 3, 2016


Navego en un mar de olas contradictorias
Nadando contra corriente.

Sí solo me dejara llevar
Me abandonara, no luchara,
Soltara las amarras
Pero ¡no!
Esta maldita forma mía
De querer hacer siempre lo mío
Primero y segundo también.

Da felicidad por momentos, pero
Nada más.

Llegan las voces que me gritan
¡Estás mal! ¡Así no se hace!

Y el espíritu se desconcierta
Se vuelca en tamaños remolinos
De incertidumbre, de miedo, de dolor.

Regreso a donde estaba,
Aquí no puedes sufrir me digo
Solamente has lo que ellos dicen
Dales lo que quieren
Todas tus horas, todos tus pensamientos,
Todos tus hechos.

¿y así seré feliz?
Tal vez no, pero serán felices ellos.
                                                     ¡Qué contradicción!


domingo, 19 de junio de 2016

                                                                       Con los ojos cerrados.


                                                                                                                                                               

Quiero besar tu aliento
        y que tu beses el mío.
Que ahogues con tu boca mi gemir,
                       Que muera en tu garganta mi suspiro.

Quiero verme en tus ojos.
      Que  te veas en los mios.
Con mis labios dibujar tus ojos, tus bellos ojos.
                            Primero uno y luego el otro.

Seguirme por tu nariz y llegar a tu boca.
Con deleite y tiempo detenido.
Después colgarme de amuleto tu sonrisa.
 Y con mis ojos cerrados
                               Distinguir tu aura en el espacio.
              

Abrir tu pecho, meterme en él.
Enredarme en tu cintura.
Escurrirme entre tus piernas.
Esculpir con la yema de mi dedo
          tu contorno, todo tu contorno.

Y en el último momento desearía
Si acaso en blasfemia caigo
Que me perdone el salmista
Porque tu quejido en salmo
                           lo acabo de convertir.
                     




                                                                                                                                                                Mayo del 2016





martes, 5 de abril de 2016

Título: Los siete grandes
Por: Lucy Galván-Trejo


De total y completa pecadora me declaro.
De palabra obra y omisión.
Y redención no les pido.
Gritarlo al viento quiero, que no juzga ni etiqueta.
Al aire que es libre y aprisionado no vive.
¿Quién no ha pecado? ¿Quién?

Grita el orgullo  ¿Yo? ¡Nunca jamás!
 ¡Lo que es mío no es de nadie! Carcomida de avaricia soy, de propiedad solo entiendo,
Si vieran lo que yo veo, voluptuosidad por todos lados.  ¡Insensatos! ¿De qué hablan? De lujuria estamos llenos.
¡Nunca entiendo de alegatos! ¡Iracunda que me ponen! ¡Callen, callen, loca de ira me vuelven!
Pecado de gula tengo. Comer y comer. Sin llenar he de beber. Ése es todo mi sustento.
 ¿Por qué a ustedes y no a mí? En la ambición me revuelco  y en la codicia me envuelvo. Sacarte los ojos quiero para ver lo que tú ves.
De pereza no hablaremos. Da flojera el mencionarla. Ha descansado mil años y le faltan otros más.

El pecado me escogió
¿O acaso lo escogí yo?
Si escoger tanto podemos.
 Imposible es no pecar.






miércoles, 24 de febrero de 2016

Título: La mordaza
Autor: Lucy Galván-Trejo
Febrero del 2016


Si te dijera que imaginaras una imagen que representara a la represión ¿Cuál sería?
Podrías imaginar algo como tal vez una guillotina, tal vez una cámara de gases, tal vez un fusilamiento.
Hay tantas cosas inventadas en detrimento de la libertad.
El ingenio de los hombres ha sido tanto y tan variado para lograr maléficas intensiones, escaños al poder, controlar masas y lograr fines.
Represores des-almados. Así con guión. Sin alma.
Ha habido mordazas hechas con metal, con vidrio, con gas, con balas, con cuchillos.
Pero hay una en especial tan sutil que parece que no llegara a hacer daño….y es mortal.
 Pensada, ideada y lograda para acallar voces que se alzaban pidiendo justicia.
¡No!. Fue tanta la sutileza.  ¡Hicieron una ley! ¡sí! ¡Una ley!  Con nombre: Ley Smith, primero.
Pensada, ideada y lograda para acallar voces que se alzaban pidiendo justicia.
Callar conciencias sin que pareciera que se llegaba a la violencia.
Violencia disimulada, enmascarada. Artificio legaloide.
 Voces que han sido calladas con manos que no empuñan fusiles.
Gritos ahogados en salas donde debería reinar la equidad, la honradez, la igualdad.
Sin embargo se llenaron de arbitrariedad y veredictos caprichosos.
Tiempo de leyes de contención, que parecieran benévolas sin serlo.
Siguió la profusión, como ola furiosa de maremoto implacable.
Escondiendo el freno bajo máscara de venia.
Manipular el sentido opresivo, empolvándolo con paz y calma. Sin ser más que una capa invisible
de restricción.
Ley imitada y plagiada que se convierte en otro nombre con los mismos fundamentos:
Ley mordaza.

Nació en los 40 del siglo pasado. Sigue vigente disfrazada de oveja.

jueves, 18 de febrero de 2016

La visita del Papa.
Estoy sentada en un pedazo de barda de piedra y cemento que sostiene a un barandal de fierro. Alrededor hay miles de personas esperando poder ver a un solo hombre.
El sol me cala en la espalda. La temperatura es de 70 grados, corre una leve brisa que alivia un poco el calor. Enseguida de mí hay un policía federal que está resguardando la entrada. Desde donde estoy alcanzo a ver el templete donde está la prensa. Hay cámaras, micrófonos, muchos cables, camarógrafos y reporteros. Más atrás de eso como a unos doscientos metros se encuentra el altar que se erigió ex profeso. Son unas paredes de unos dos o tres piso de alto y unos cien metros de largo.  Hay un cristo enorme y al pie la silla en la que se sentará a quien llamamos Su Santidad el Papa Francisco.
Llegué a las inmediaciones del Chamizal, exactamente a la esquina de Malecón y calle Panamá, a las 11:00 de la mañana con un boleto que marcaba  la zona verde. El terreno donde sería la misa se dividió en cuatro secciones de colores: El color rojo, la zona más cercana al altar luego la amarilla, la verde y la morada y estas a su vez divididas en secciones numeradas de hasta quince divisiones.  Hay cinco accesos diferentes, uno  para cada color, separados entre sí  por uno o dos kilómetros de distancia. El boleto tiene impreso en el reverso el mapa exacto de las secciones. Hay un color azul que es para estar dentro del estadio acondicionado con pantallas gigante.
Todo parecía estar bajo control y totalmente organizado. Al menos fue lo que pensé al llegar.
Empezamos a recorrer la fila para encontrar donde empezaba y poder formarnos. Somos nueve las que vinimos. Tres a la sección amarilla y seis a la sección verde. Caminamos casi un kilómetro hasta encontrar el final de la fila y de ahí seguir caminando lentamente según se movía la fila. Después de dos horas a cualquiera le dan ganas de ir al baño. Gracias a buenos samaritanos que prestaron sus casas pudimos hacerlo. Traemos sándwiches, jugos y agua en bolsas de plástico. Hay reglas de lo que no se permite introducir. Aparte traemos cojines y cobijas para poder sentarnos en el suelo. Al ver que la línea era tan larga decidimos separarnos. Tres fuimos a hacer fila y las otras tres se quedaron esperándonos sentadas en la banqueta con todo lo que traemos. Después de una hora caminando lentamente en la fila llegamos a donde habíamos dejado a las otras tres y nos juntamos. De ahí otra hora hasta la entrada del primer filtro.
Al llegar ahí había gente arremolinada alrededor de la fila queriendo meterse. Y se metieron.  No podían faltar los vendedores de todo: Papitas, sodas, aguas, rosarios, banderitas blancas con amarillo, cachuchas, llaveros y demás chucherías. No se podía pasar con los palitos que traían las banderitas, así es que a quitarle los palitos. No se podía pasar con bolsas de aluminio, pues a vaciar las bolsas de papitas en una bolsa de plástico que los vendedores, yo creo ya sabiendo esto, daban en la compra de las botanas. ¿Y dónde tiramos lo que no se podía pasar? Donde pudimos porque los botes para basura brillaron por su ausencia.
Seguimos caminando y bajamos a lo que llamamos “los hoyos” ahí estaba el otro filtro. Ya eran las dos de la tarde. Este otro filtro con puertas detectoras de metal y dos policías en cada mesa revisando las bolsas. Vi que a mi prima le sacaron una pluma de su bolsa e inmediatamente saqué la que yo traía y me la puse en la bolsa de mis pantalones. Es con la que estoy escribiendo ahorita y en una libretita que traigo para la ocasión. Pensé en entretenerme haciendo esto porque según yo iba a tener mucho tiempo antes de que empezara la misa. Nunca imaginé que ese tiempo lo perdería parada haciendo fila. ¡Qué ilusiones las mías!
Cuando decidí venir aquí, mi hija me advirtió de las calamidades que sufriría. No le creí. Mi deseo de ver que los mexicanos somos capaces de organizar eventos multitudinarios con exactitud de cirujano está muy lejos de cumplirse.
Pasamos el segundo filtro, me impresioné al ver la cuantiosa cantidad de baños portátiles. Salimos de “el hoyo” y llegamos a la Pérez Serna. Los carriles hacia el oeste tenían valla, por ahí pasaría el Papa, después otras vallas para entrar a las zonas de colores, buscar la sección y disponerse a disfrutar de ésta única oportunidad de la vida. ¡Ya no hay cupo! Nos dicen. ¡¿Quéeee?!.
“Tuvimos que cerrar, ya no cabe más gente”. Dice el policía. ¿Y ahora, qué hacemos?  Lo mismo que se preguntaban cientos de gentes que ya no pudieron entrar. Seguir caminando. Buscar un lugar donde poder ver lo mejor posible. Encontramos un lugar cerca de la prensa y desde donde podemos ver el magnífico altar. Claro, verlo desde muy, muy lejos. Pero, al menos, aquí no había tanta gente.
Hablamos con las otras tres, las que tenían boleto en zona amarilla, seguras de que ellas sí habían podido entrar. Equivocación. Tampoco pudieron entrar. A ellas les fue peor. Caminaron mucho más que nosotras y estaban, junto con cientos de personas, atoradas en la entrada del segundo filtro. ¡Ya no dejaban entrar a nadie desde hacía más de una hora! Había una acumulación de gente que daba miedo, mucho miedo. Les doy instrucciones de donde estamos para que se vengan y estar todas juntas.
La entrada para la zona amarilla está atrás del altar por la Pérez Serna como a medio kilómetro.  La gente desesperada de que ya no los dejaban entrar empezaron  derribar la valla, tuvo que llegar la policía a poner orden. Entonces vieron que sí bajaban por el hoyo podían llegar a la entrada en la que nosotros estábamos. ¡Y allá van todos, casi corriendo! Entre ellos mis dos primas y la tía de una de ellas que vino desde California.
Me moví hacía unas vallas vacías de gente para poder verlas cuando llegaran. En eso veo que viene un mar de gente caminando apresuradamente, casi corriendo hacía donde yo estaba, nada más protegida por un pedazo de valla, fácilmente derivable, los primeros en llegar abrieron un espacio como a dos metros de donde yo estoy y empezaron a pasar, antes de que llegara la policía. Me dio la impresión de estar viendo un dique cuando cae estrepitosamente ante la presión del agua que violenta busca su cauce. ¡Quedé paralizada! Sólo esperando que llegara la policía. Cómo por inercia extendí mi brazo derecho y abrí la palma de mi mano en señal de alto, esperando que esto me protegiera. Oí el grito de mi prima pidiendo que regresara con ellas, le contesté que estaba bien y que ahí me quedaba a esperar a las otras. ¡Qué necedad la mía! Llegó la policía, puso orden, cerraron el espacio de la valla y el mar de gente se desvió hacia otro acceso. Caminé dos metros, me subí a la bardita aferrada al barandal hasta que llegaron las otras tres.
Pude estar medianamente cómoda sentada gracias al cojín y poder escribir esto. Ya estamos todas juntas y en un lugar que nos parece seguro. Alcanzó a ver a los de la prensa y ahí está Maria Antonieta Collins. Si no me toca ver al Papa de perdida ya conocí a ésta gran reportera.
Aquí sentada me pregunté tantas cosas. Pero eso ya será otra historia.
 Al final del via crucis sí lo pude conocer.

miércoles, 6 de enero de 2016

Doce días          




                                                                                                              Enero 6, 2016

Me fui despidiendo poco a poco de tí
Doce días son muchos o muy pocos
Pocos en el remanso del mar en calma,
largos en la tormenta del alma aprisionada.

No se puede entender aunque uno más lo quiera
los vericuetos de un pensar en femenino.

El devenir de las veredas serpentuosas
Hacer que parezcan claras y radiantes.
Bordear el rumbo oscurecido,
caminar muy despacio, despacito, alargando los caminos,
descansar en los minutos, querer hacerlos horas.

Aunque la inminencia aceche.
Me hago chiquitita a ver si no me ve y  pasa de largo
Pero llega, así como se llama, inminente.

En las alas cuidadosas de la suspensión me quedo.
Cancelo el tiempo. Lo encapsulo.
Encerrado se queda, quieto, amordazado

Hasta el regreso liberador que llegue.