miércoles, 27 de mayo de 2015

Rosa ahumado.

Título:   Rosa ahumado.
Autor:   Lucy Galván.

            Era un día cómo cualquier otro cuando llegó a la revisión en el puente, extendió su mano con la tarjeta de pase rápido con la seguridad de oír al agente decirle que pasara, igual que siempre que cruzaba a El Paso.
            Ese día no fue así, la pasaron a revisión secundaria, le pidieron que se bajara del carro y esperara a un lado, a una distancia prudente. Bajó a su hijo del asiento trasero pensando que era sólo cuestión de unos minutos.  De repente, casi sin darse cuenta la escoltaron dos oficiales a una de las oficinas y cerraron la puerta tras de ella y de su hijo. Le dijeron que le hablara a alguien para que fuera a recoger al niño porque ella se quedaría detenida. Le habían encontrado un paquete de marihuana escondido en su camioneta.
            La cabeza le dio vueltas, la vista se le nubló, lo único que  atinaba a hacer era sujetar fuertemente la mano de su hijo de 5 años, sentía que estaba en medio del mar en  un naufragio y ésa manita era su única tabla de salvación. Finalmente le salieron unas palabras y  creyó que no era ella la que estaba hablando.
            —¿Qué me está diciendo? No entiendo lo que me dice. ¿De qué paquete habla? ¿Marihuana?. ¿Qué dice? ¿en mi carro? ¡Dios mío! ¿Qué está pasando?—, empezó a temblar y a tratar de marcar el número su casa, pero no lo conseguía. Intentaba marcar, volvía a hacerlo, no podía, los dedos no le respondían y  menos con una sola mano, la otra seguía aferrada a la mano de Santiago.
            Estaba segura que era una equivocación, no podría ser que en un abrir y cerrar de ojos su vida color de rosa se volviera gris, de ésos grises que presagian tormentas con vientos huracanados que arrastran todo a su paso y en las que no hay lugar donde esconderse.  Y, de súbito, supo de donde venía ése viento negro.
            Era él. Tenía que ser ése maldito.
             Se lo había dicho muy claro y recordó las palabras de, su ahora ex-esposo.
            “Te vas a arrepentir de dejarme, no soy hombre que se abandona así como así. Solamente por tus  estúpidas invenciones. No sé de donde sacas que ando metido en cosas raras. Me las vas a pagar muy caro. ¡Te lo juro!”.
         Estaba detenida, acusada de algo que ni entendía. Sabía que solamente había alguien que le pudo haber puesto ése paquete. Para su buena suerte, que parecía que todavía le quedaba una poca, los agentes le creyeron. La experiencia les decía que el paquete había sido “sembrado”.  De cualquier manera ella no se podía ir hasta que se llenaran algunos requisitos. En ésos momentos, ella creía que todo iba a hacer más fácil de lo que al principio pensó.
            Llegaron sus hermanos y su mamá por Santiago, pero no los dejaron hablar con ella. En el interrogatorio Sandra les contó que se había divorciado del papá de su hijo al darse cuenta que él andaba en malos pasos y que era adicto a la cocaína. Les contó que tuvieron peleas muy fuertes en las que él se violentaba mucho y la amenazaba. Les dijo que temía por su vida si se regresaba a Juárez.
            —Ya ven como están las cosas allá. Ahorita te matan por cualquier cosa o puedes contratar a alguien para que mate a una persona por unos cuantos pesos. No puedo volver, estoy segura que me mandaría matar—. Temblaba y lloraba al mismo tiempo.
            Llegó un oficial de más alto rango a hablar con ella.
            —Mire, Señora Salas, hay una solución si usted no quiere regresar a Juárez. Puede pedir asilo por miedo, así se le llama a éste procedimiento, solamente que mientras se llenan todos los requisitos y contesta el gobierno sí se lo dan o se lo niegan usted deberá estar detenida en el campamento que tenemos para las personas que van a ser deportadas.
            —¿Y cómo cuánto tiempo se llevaría eso?
            —Por lo que sabemos, serían de dos a seis meses. —Le dijo con toda naturalidad.
            Sandra volvió a llorar, le salían lágrimas en un torrente interminable, rodaban por sus mejillas y ella ni siquiera se preocupaba por limpiarlas. ¿Qué iba a ser de su hijo en ésos meses?. Tenía a su mamá que siempre la apoyaba en todo, pero nada iba a ser igual, no lo iba a poder ver en meses .¡Dios mío! ¿Qué hago?.
            Decidió pedir el asilo. Toda su familia se movilizó para hacer que el trámite fuera lo más rápido posible. Aun así, Sandra pasó detenida más de 4 meses y cuándo al fin salió le dijeron que no podía abandonar el país hasta que se arreglara su estado migratorio.
            La primera vez que la fui a ver al famoso campamento, que no es otra cosa más que una cárcel, la encontré muy desalentada, había perdido el brillo en su mirada y tenía los ojos secos de tanto llorar.
            Para poder entrar ahí es menester seguir todo un procedimiento. Hay que pasar por varios filtros, dejar identificación, permitir que te  revisen de arriba abajo, no puedes entrar con nada en las manos ni llevar bolsa. Tienen código de vestimenta. La vi en un minúsculo cubículo a través de un vidrio y hablé con ella  por medio de un teléfono. No le pude dar el tierno consuelo de un abrazo.
            Lo primero que hizo al salir fue ver a su Santiago y llenarlo de besos. Sus abuelos y tíos lo habían cuidado muy bien y estaba feliz de ver a su madre de nuevo. Su vida había cambiado, ahora tenía que vivir en El Paso, aunque, su hijo si podía ir y venir a Juárez. El era ciudadano americano.
            Han pasado siete años. Sandra todavía no puede salir de Estados Unidos. Su estado migratorio no se ha solucionado a pesar de que ella ya hasta se casó con un estadounidense.
            Hace dos meses murió su mamá. Solamente Santiago pudo estar con su abuela. Lo único que pudo hacer Sandra fue verla y estar con ella hasta su final  a través de una computadora. Tocaba y acariciaba el vidrio de la pantalla imaginando atravesar con sus dedos el espacio y sentir a su madre por última vez.
            Cosas que pasan en la frontera.

2 comentarios:

  1. ¡Qué bien que sigues escribiendo y publicando!
    Este relato es especialmente impactante por ser una historia real.

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