Título: Rosa ahumado.
Autor: Lucy Galván.
Era un día cómo cualquier otro
cuando llegó a la revisión en el puente, extendió su mano con la tarjeta de
pase rápido con la seguridad de oír al agente decirle que pasara, igual que
siempre que cruzaba a El Paso.
Ese día no fue así, la pasaron a
revisión secundaria, le pidieron que se bajara del carro y esperara a un lado,
a una distancia prudente. Bajó a su hijo del asiento trasero pensando que era
sólo cuestión de unos minutos. De
repente, casi sin darse cuenta la escoltaron dos oficiales a una de las
oficinas y cerraron la puerta tras de ella y de su hijo. Le dijeron que le
hablara a alguien para que fuera a recoger al niño porque ella se quedaría
detenida. Le habían encontrado un paquete de marihuana escondido en su
camioneta.
La cabeza le dio vueltas, la vista
se le nubló, lo único que atinaba a
hacer era sujetar fuertemente la mano de su hijo de 5 años, sentía que estaba
en medio del mar en un naufragio y ésa
manita era su única tabla de salvación. Finalmente le salieron unas palabras y creyó que no era ella la que estaba hablando.
—¿Qué me está diciendo? No entiendo
lo que me dice. ¿De qué paquete habla? ¿Marihuana?. ¿Qué dice? ¿en mi carro?
¡Dios mío! ¿Qué está pasando?—, empezó a temblar y a tratar de marcar el número
su casa, pero no lo conseguía. Intentaba marcar, volvía a hacerlo, no podía,
los dedos no le respondían y menos con una
sola mano, la otra seguía aferrada a la mano de Santiago.
Estaba segura que era una
equivocación, no podría ser que en un abrir y cerrar de ojos su vida color de
rosa se volviera gris, de ésos grises que presagian tormentas con vientos
huracanados que arrastran todo a su paso y en las que no hay lugar donde
esconderse. Y, de súbito, supo de donde
venía ése viento negro.
Era él. Tenía que ser ése maldito.
Se lo había dicho muy claro y recordó las palabras
de, su ahora ex-esposo.
“Te vas a arrepentir de dejarme, no soy
hombre que se abandona así como así. Solamente por tus estúpidas invenciones. No sé de donde sacas
que ando metido en cosas raras. Me las vas a pagar muy caro. ¡Te lo juro!”.
Estaba detenida, acusada de algo que ni
entendía. Sabía que solamente había alguien que le pudo haber puesto ése
paquete. Para su buena suerte, que parecía que todavía le quedaba una poca, los
agentes le creyeron. La experiencia les decía que el paquete había sido
“sembrado”. De cualquier manera ella no se
podía ir hasta que se llenaran algunos requisitos. En ésos momentos, ella creía
que todo iba a hacer más fácil de lo que al principio pensó.
Llegaron sus hermanos y su mamá por
Santiago, pero no los dejaron hablar con ella. En el interrogatorio Sandra les
contó que se había divorciado del papá de su hijo al darse cuenta que él andaba
en malos pasos y que era adicto a la cocaína. Les contó que tuvieron peleas muy
fuertes en las que él se violentaba mucho y la amenazaba. Les dijo que temía
por su vida si se regresaba a Juárez.
—Ya ven como están las cosas allá.
Ahorita te matan por cualquier cosa o puedes contratar a alguien para que mate
a una persona por unos cuantos pesos. No puedo volver, estoy segura que me
mandaría matar—. Temblaba y lloraba al mismo tiempo.
Llegó un oficial de más alto rango a
hablar con ella.
—Mire, Señora Salas, hay una
solución si usted no quiere regresar a Juárez. Puede pedir asilo por miedo, así
se le llama a éste procedimiento, solamente que mientras se llenan todos los
requisitos y contesta el gobierno sí se lo dan o se lo niegan usted deberá
estar detenida en el campamento que tenemos para las personas que van a ser
deportadas.
—¿Y cómo cuánto tiempo se llevaría
eso?
—Por lo que sabemos, serían de dos a
seis meses. —Le dijo con toda naturalidad.
Sandra volvió a llorar, le salían
lágrimas en un torrente interminable, rodaban por sus mejillas y ella ni
siquiera se preocupaba por limpiarlas. ¿Qué iba a ser de su hijo en ésos
meses?. Tenía a su mamá que siempre la apoyaba en todo, pero nada iba a ser
igual, no lo iba a poder ver en meses .¡Dios mío! ¿Qué hago?.
Decidió pedir el asilo. Toda su
familia se movilizó para hacer que el trámite fuera lo más rápido posible. Aun
así, Sandra pasó detenida más de 4 meses y cuándo al fin salió le dijeron que
no podía abandonar el país hasta que se arreglara su estado migratorio.
La primera vez que la fui a ver al
famoso campamento, que no es otra cosa más que una cárcel, la encontré muy
desalentada, había perdido el brillo en su mirada y tenía los ojos secos de
tanto llorar.
Para poder entrar ahí es menester
seguir todo un procedimiento. Hay que pasar por varios filtros, dejar
identificación, permitir que te revisen
de arriba abajo, no puedes entrar con nada en las manos ni llevar bolsa. Tienen
código de vestimenta. La vi en un minúsculo cubículo a través de un vidrio y
hablé con ella por medio de un teléfono.
No le pude dar el tierno consuelo de un abrazo.
Lo primero que hizo al salir fue ver
a su Santiago y llenarlo de besos. Sus abuelos y tíos lo habían cuidado muy
bien y estaba feliz de ver a su madre de nuevo. Su vida había cambiado, ahora
tenía que vivir en El Paso, aunque, su hijo si podía ir y venir a Juárez. El
era ciudadano americano.
Han pasado siete años. Sandra
todavía no puede salir de Estados Unidos. Su estado migratorio no se ha
solucionado a pesar de que ella ya hasta se casó con un estadounidense.
Hace dos meses murió su mamá.
Solamente Santiago pudo estar con su abuela. Lo único que pudo hacer Sandra fue
verla y estar con ella hasta su final a
través de una computadora. Tocaba y acariciaba el vidrio de la pantalla imaginando
atravesar con sus dedos el espacio y sentir a su madre por última vez.
Cosas que pasan
en la frontera.
¡Qué bien que sigues escribiendo y publicando!
ResponderBorrarEste relato es especialmente impactante por ser una historia real.
I like it Tia Lucy. It hits close to home lol.
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